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El catedrático de la Usal Francisco Villar dirige a un equipo de expertos en Lingüística, Genética, Ciencias Forenses y Estadística e Historia Antigua para establecer el origen del Indoeuropeo
[Más información: Francisco Villar Liébana, catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de Salamanca y director de la investigación. Telf.: 923 294500, ext. 1703 y 1734. Revista digital de la Universidad de Salamanca ‘EnRed’ http://enred.usal.es/]
En estos tiempos que corren donde parecemos incapaces de entender a nuestros vecinos por el entramado de lenguas y dialectos, en los que pagaríamos la intemerata por inscribirnos en el curso de idiomas que nos enseñara a hablar en apenas un mes alemán, parece increíble que en el principio en este viejo continente se hablara una sola lengua madre, el Indoeuropeo. Y más aún, que de ella deriven la mayor parte de los idiomas de Europa, América y Asia.
Francisco Villar Liébana, catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de Salamanca, está al frente de un equipo de investigación multidisciplinar en el que se unen expertos en Lingüística, Genética, Ciencias Forenses y Estadística e Historia Antigua de las universidades de Salamanca, Zaragoza, Vigo, Santiago de Compostela y la Coruña para establecer criterios objetivos para determinar, por primera vez de manera motivada, la identidad étnico-lingüística de los agricultores neolíticos y de las poblaciones mesolíticas. Es decir, la aparición y evolución del Indoeuropeo.
El estudio y reconstrucción del indoeuropeo se debe al surgimiento de la Gramática Comparada ya en el siglo XIX. A pesar de ello, en la Lingüística Indoeuropea actual se mantienen teorías contrapuestas sobre los agentes primarios y portadores de la indoeuropeización de Europa y Asia Suroccidental. Las variantes son diversas y pasan desde localizar el epicentro del movimiento en las estepas del sur de Rusia, hasta situarlas en Asia Menor, Alemania o en el sur de Escandinavia.
La hipótesis de trabajo de la que partirá el grupo del investigador de la Universidad es que cualesquiera que fueran las lenguas habladas en Europa y Asia Suroccidental durante el Neolítico y Mesolítico han debido dejar su huella en la toponimia. Por ello realizarán un estudio del sistema toponímico antiguo de Europa y Asia Suroccidental, que permitirá a los científicos establecer la dimensión espacial y el vector direccional del pueblo que la creó.
Para datar el conjunto toponímico y estipular así el momento de su creación Villar Liébana propone resolverlo mediante los procedimientos que aportará la Genética de Poblaciones (congruencia de distribución de familias toponímicas con la de haplogrupos del ADN mitocondrial y del cromosoma Y) combinados, eventualmente, con estudios de las manifestaciones culturales de esas zonas y que se realizarán desde el área de la Arqueología Prehistórica.
El catedrático de Lingüística Indoeuropea explica la existencia de disparidad de teorías respecto al origen del Indoeuropeo con el argumento de que “el problema para identificar como indoeuropeas a las poblaciones paleolíticas, mesolíticas y neolíticas surge porque nos remontamos a períodos históricos previos a la escritura, por lo que es imposible mostrar testimonios lingüísticos explícitos de las diferentes épocas con los que poder rebatir unas u otras teorías”.
No obstante, todas ellas contienen una serie de rasgos afines que son orientaciones obtenidas a partir del léxico indoeuropeo común sobre la flora y fauna del hábitat (propia de climas fríos y con referencias a lobos, osos, hayas y abedules, entre otros) y sobre el desarrollo cultural de la sociedad indoeuropea originaria común, que desconocía prácticamente la agricultura pero sí conocía animales ya domesticados en el neolítico como el caballo, la oveja, el perro o la cabra.
El equipo de investigación comenzará la iniciativa con una selección e inventariado de las fuentes antiguas de las que se obtendrá la toponimia de Europa y de Asia Suroccidental, con la que construirá una amplia base de datos. Asimismo, se organizarán los topónimos disponibles en series sistemáticas, que serán estudiadas desde el punto de vista etimológico para establecer la filiación lingüística de la lengua o lenguas que los crearon. Posteriormente se establecerá la distribución territorial de cada una de las series.
En el siguiente paso se procederá a realizar las comparativas de modelos distribucionales de las series con los mapas distribucionales motivados de haplogrupos del ADNmt y el cromosoma Y. Aquí es donde comienza la tarea de los matemáticos y estadísticos que deberán analizar el carácter motivado o casual de los tipos y modalidades distribucionales de las series y, por otro, establecer el carácter aleatorio o significativo de cada una de las coincidencias distribucionales de cada familia toponímica con la distribución geográfica de los haplogrupos involucrados en el cotejo.
Ateniéndose a la matemática estadística, si se produjera una congruencia sistemática entre determinados patrones de distribución geográfica de las series toponímicas con la de determinados haplogrupos se podría concluir que la población portadora de los genes correspondientes a ese haplogrupo hablaba la lengua con la que fueron creadas esas series.
Además, el hecho de que los haplogrupos del ADN mt y del cromosoma Y sean capaces de ser datados gracias a la Genética, servirán para fijar la fecha de creación de las series toponímicas. Por otra parte, la capacidad datadora de la Prehistoria permitirá correlacionar, por primera vez con criterios objetivos, las etapas del mesolítico y neolítico con poblaciones (haplogrupos genéticos) y lenguas (las que crearon las series toponímicas fechadas).
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